Es sumamente necesario depurar la memoria. Siendo que ésta no solo consta de vivencias sino de pensamientos también. Entonces, todo aquello que vivimos en el día a día, sea o no importante, y todo aquello que pensamos sea enorme o ínfimo; queda almacenado dentro de nosotros.
Cada quien organiza su ser como le venga en gana. Unos lo hacen pequeño y se organizan en cajones. Otros lo prefieren pintar como si fuese un hogar donde se guardan recuerdos entre armarios y alacenas. Pero en mí, es grande; ilimitado y aún así inalcanzable pareciese, ¿siendo incluso de mi propiedad?. Mis recuerdos son personas, que caminan y eligen su ropa cada día, que eligen su paseo y su lugar. Cada uno tiene un humor característico y un encabezado.
Yo siempre estoy recorriendo las calles, creando nuevas edificaciones y viendo nacer nuevos recuerdos que debo etiquetar, ya que soy el maestro del cuento.
Siendo entonces entes de razón, se cruzan en mi camino y al verles los leo y resurgen en el exterior a través de mis ojos, que por un milisegundo se nublan para ver hacia adentro.
Entre los entes hay muchos tipos: están los grandes señores y las majestuosas señoras, con sus ostentosas mansiones de porches y jardines. Están los funcionales, siempre muy organizados andando en teleféricos para recordarme lo escencial. Existen también los nómadas, que van y vienen de casa en casa y de vez en cuando se cruzan conmigo.
A los entes les encanta correr solo por jugar, por llamar la atención. Se cruzan conmigo y salen a correr. Yo debo encontrarlos entre calles y calles interminables, porque debo cuidarlos de que no se conviertan en recuerdos indigentes. No siempre logro encontrarlos y puede que entonces se desquiten conmigo.
Al dormir sigo en el laberinto, pero tengo menos poder de creación, soy un espectador de mis preciados entes de razón.
En las noches presentan elaboradas coreografías y obras que yo anoto para recrear cuando despierte. Pero cuando los entes olvidados se molestan crean pesadillas, a veces recurrentes. Y eso no parará hasta que encuentre al ente que adolece de mi querer.
Por eso es necesario depurar la memoria, evitar que los entes se salgan de control. Hay que darles salida a muchos, sobretodo a quienes causan estragos o nublan la vista mucho tiempo. Se les libera en el viento y al universo a través de la palabra. Se les nombra en el exterior y así se invocan. Unos mueren si así es debido, otros se revitalizan cuando crean chispa en mis ojos.

Me encanto, este texto llega a mi en un momento de confusión, dónde los entes me persiguen y me nublan el que hacer.
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